sábado, 13 de febrero de 2010

Pesados

Alce la vista de mi pupitre al final de la clase. Debía haber acabado apenas hacia un par de minutos, pues aun quedaban algunas personas en el salón. Era eso o había dormido mas de lo que creía. Ella no estaba, eso si era seguro. Me mire alrededor, mis compañeros terminaban de copiar un ejercicio y compartían sus ideas sobre como resolverlo. Mi mirada regreso a el pupitre que ella había estado ocupando; fue lo ultimo que vi antes de quedarme dormido.

- ¿Me habrá visto viéndola, mientras me quedaba dormido? -

- Coño, coño, coño. No pienses en eso, pendejo. -

Volví a mirar al espacio que había dejado y me di cuenta que de hecho no estaba vacío, había un pequeño cuaderno debajo de su asiento. Alce un poco mi cabeza para ver mejor.

"Velo, se despertó."

"Te van a coger en el examen loco. Tenéis que estudiar."

Asentí sin prestarles mucha atención.

"Vamos a estudiar en la tarde, te conviene venir."

Asentí de nuevo con mi atención aun centrada en aquel pequeño cuaderno. Por fin asumieron que seguía dormitando y decidieron dejarme ahí. Me quede solo en el salón, aun con la cabeza apenas levantada del pupitre. Poco a poco me fui incorporando, y acercándome al pequeño cuaderno.

Portada azul y sin descripcion alguna, ligeramente gastado, completamente comun, de no haber sido porque estaba en su asiento.

- ¿Y si es de ella? Por fin tendré una excusa para hablarle. -

Pensé, mientras me agachaba a recogerlo. Lo tome con una mano e intente levantarlo, mas no pude.

- ¿Esta pegado al pupitre? -

Era imposible, no se había movido ni un milímetro. Lo tome con ambas manos y di otro tirón, se separo del pupitre un instante antes de caer con fuerza al piso. Parecía que pesaba una tonelada. ¿Que estaba pasando ahí?

Me quede contemplando el pequeño cuaderno por un rato, y opte por intentar abrir la portada. Lo logre sin problema. Definitivamente era suyo, su nombre estaba escrito en una bonita letra cursiva con bolígrafo morado en la primera pagina. Intente pasar la pagina, pero parecía que todo aquel extraño peso que había sentido estuviera concentrado en cada pagina que intentaba mover. No importaba con que fuerza levantara, no se movían, ni cambiaban.

Cuando estaba a punto de recurrir a lo poco que había aprendido en mis clases de mecánica e improvisar una palanca, oí abrirse tras de mi la puerta del salón. Me levante sobresaltado. Era ella. Me miro a los ojos y fue caminando directamente hacia donde estaba yo, con pasos fuertes y rápidos. Me sentía como un ladrón al descubierto. Ella me vio, vio en el piso el pequeño cuaderno se agacho, lo levanto con una mano y sonrió.

"¡Lo conseguiste, gracias! Creía que lo había perdido."

"Y-...Ah... Yo... Si..."

"¡Ya va!, ¿No lo leíste, no?"

Dijo, cambiando su expresión a una seriedad repentina.

"Y...No...Quería entregártelo..."

Volvió aquella sonrisa de oreja a oreja.

"¡Gracias, gracias, gracias! No sabes cuanto me preocupaba que alguien fuera a leerlo."

Lanzo sus brazos al rededor de mi cuello y olvide todo lo que había pasado por un instante. El adiós que le siguió al gesto solo existe como una vaga memoria, ya que llego mientras aun seguía embriagado por aquel abrazo. El sonido de la puerta al cerrarse tras de ella me regreso a la realidad. Me encontré parado en un salón por fin vacío, acompañado solo por el ruido de la puerta, y el eco que dejaron en el salón sus secretos de una tonelada.