lunes, 16 de febrero de 2009

Y no fue mas un niño.

El muchacho vio la horda entrar al palacio, y espero.

Había oído la historia antes - En cualquier momento saldrán, lo se, lo he oído, las tropas que el emperador ha ocultado saldrán en cualquier momento.

Esperó.

Esperó en las sombras, viendo el avance de la horda, borrachos de su victoria.

Miro a la obscuridad buscando el movimiento repentino de una sombra que delatara que el avance de los soldados ocultos había comenzado - Los atacaran por la retaguardia, no lo esperaran, comienzan ya a bajar sus armas y a alzar sus voces y sus brazos en triunfo. Creen que la batalla acabo, ignoran el contingente escondido de nuestro emperador.

No los veía aun. Debían venir pronto. Se demoraban demasiado. Están tomando el tiempo necesario, pensó. Si esperan lo suficiente los enemigos bajaran sus armas y les sera mas fácil atacarlos. Pero no ocurría, y el enemigo en vez de bajar sus armas fortificaba el palacio. ¿Porque no salen? ¿Porque no atacan? Ya es hora, !YA ES HORA! - ¡No pueden esperar mas!.

Fue entonces el muchacho se dio cuenta que no había un contingente escondido.

No había una tropa secreta.

Habían sido derrotados.

Cogió su espada de madera y cargo en la oscuridad.